Soy un chico de Guadalajara. Siempre quise ponerme en forma. Ganas me sobraban. Disciplina no. Brincaba de gym en gym. Temporadas para la playa y luego lo dejaba. De los 5 a los 15 hice karate. A los 15 empecé pesas en casa con mi papá hasta los 21 años. Pero nunca fui constante, siempre lo dejaba a los 3 meses o antes. Me gustaba entrenar pero no no me sostenía y eso pesa cuando te miras al espejo y sabes que te estás fallando.
Se rompe una relación larga y me voy a Estados Unidos casi por instinto. Nueva ciudad. Poco dinero pero con ganas de mejorar. Entro al gym con un nudo en la garganta. Llego al gym. Olor a hierro, audífonos, música alta. Todos a lo suyo. Me quedo porque ahí hay un silencio que necesito. Mi refugio. El gym deja de ser fierros. Es mi espacio seguro. El lugar donde empiezo a salir de una depresión. Donde vuelvo a confiar en mí, sentirme fuerte. Capaz. A gustarme por dentro y por fuera. A verme atractivo para mí y dejar de buscar aprobación.
Empiezo a entrenar para sostenerme por dentro. No para presumir. Pero paso al otro extremo, me obsesiono, pensé que hacer más es mejor, empecé a entrenar demasiado, llegué a entrenar dos veces al dia. 4 o 5 horas ahí. Salgo molido, orgulloso de aguantar, pero confundido porque me empecé a estancar, a querer dejar de ir sin saber porque. Me había fundido. Sobreentrene. Sin dirección el esfuerzo es nulo. La fuerza real necesita más que solo motivación. Necesita conocimiento.
Un día de esos de sesiones extremas e interminables, paso lo inevitable, entrene duro y con mala técnica. De pronto. La espalda me truena. escucho un sonido y me aviento en el banco. Termino caminando media hora con una lesión en la lumbar que no me dejaba mover, tarde 30 mins en llegar a casa en vez de los 10 que hacia. recuerdo ir pensando mientras caminaba, hasta aquí llegue. El dolor no me dejaba mover, no sabía qué tan grave era, Llegó la noche, angustiado. Quería progresar y donde quedo todo. Sentí que había fallado, Dos semanas en cama casi sin poder levantarme. Fue cuando decidí que era suficiente, empecé a obsesionarme con estudiar, Ahí entendí que no alcanza con ir al gym, ya tenía disciplina. Me faltaba saber cómo hacerlo. Formarme. Aprender para no seguir pagando con mi cuerpo.
Soy 100% natural. No tomo alcohol. No fumo. No uso drogas. La química (Esteroides) nunca fue opción. Pero ser natural no te regala nada. Te exige pensar mejor. Me puse a estudiar en serio. Cursos. Mentores. Libros. Gasté miles de dólares y cientos de horas. Probé. Me equivoqué. Volví a probar. Quite la paja. Me quedé con lo que funciona para gente natural.
Descubrí otra forma. Tres días a la semana con intención de verdad. Progresiones claras. Técnica sólida. Nutrición flexible que se adapta a tu vida para que la puedas sostener. El sueño como herramienta. Menos culpa. Más adherencia. Menos horas. Más intención. Empecé a medir con cosas simples. Fotos. Pesos que suben. Cintura que baja. Energía estable. Cabeza más tranquila. Volví a disfrutar entrenar no por obsesión sino por mejorar y amor a mi mismo.
Luego lo llevé a la gente de cerca. Amigos. Conocidos. Y empezó a pasar lo mismo. Sin vivir en el gym. Sin perder la vida social. Veía cómo subían sus marcas y también su autoestima. Muchas de mis clientes llegan de TikTok con trabajo, familia, mil cosas. Entrenan con cabeza. Tres días. Resultados que se ven y se sienten. Más fuerza. Más seguridad.
Si estás leyendo esto desde un lugar parecido. Perdido. Cansado de intentar. Con mil dudas. Te entiendo. Yo también estuve ahí. No prometo magia. Prometo dirección. Límites claros. Trabajo que se nota. Progreso real que puedes ver y sentir.
Tres sesiones a la semana con intención y progresión real. Corregimos técnica. Subimos cargas con cabeza. No te pido vivir en el gimnasio. La comida se adapta a tu contexto para que puedas sostenerla. El sueño lo tratamos como herramienta de rendimiento. Nos vemos cada semana, seguimiento real. Hacemos check-ins. Ajustamos. Medimos sin complicarnos. Que puedas mirarte al espejo y decir esto me lo gané.
Sin esteroides. Sin atajos. Sin promesas de diez días. Tampoco la obsesión de entrenar diario por ego.
Trabajo con hombres y mujeres que buscan estar en la mejor condición de su vida, progresar de verdad, tanto física como en su autoestima, sin vivir en le gym y sin matarse de hambre, gente con ganas de progresar y no solo ir al gym por cumplir cuando sabes que podrías llegar a tu mejor versión física y emocional porque va de la mano sin perder tu vida social. Personas que pueden entrenar tres veces por semana, reportar sus check-ins y respetar reglas básicas. No trabajo con quien busca química o atajos o no acepta guía.
encontrarte mucho mejor de como empezaste, irreconocible diría yo. Si haces tu parte vas a sentirte y verte mucho mejor. Y no solo en aspecto también te sentirás mucho más fuerte. Con hábitos que no te rompen tu vida social. Con dirección y guía. Progreso visible. Evitas los errores que yo ya pagué con lesiones, sobreentrenamiento y tiempo perdido.
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